Meet your party pooper / Descubra quien arruina su fiesta

Zen-garden at Ryōan-ji, The Temple of the Dragon at Peace, Kyoto, Japan (2013)

(Versión en castellano, abajo). In the beginning of time, peace and harmony reigned in the Garden of Eden. Adam and Eve -the only human beings in that biblical paradise- were running around, naked, in an all-you-can-eat rampage. All these apple trees! The sun was shining, the birds were singing and -after feasting on God’s food- the couple soon engaged in their favorite activity: they mated and mated to their hearts’ content. Until, something truly terrifying happened. Their internal compass went kaput.

It came as a voice in their heads. No, it was not the voice of the “Lord”. No, it was not the voice of “Lucifer”. It was a “thought”, a creation of their own minds. And one thought was followed by another thought and then yet another thought and then many others. And Adam and Eve had absolutely no control over these thoughts and the voices kept coming and coming, always louder and louder, inside their heads. And these two folks got really scared. Just imagine.

What if Eve gets pregnant? What if a drought befalls upon us and all the fruit trees, in this Garden of ours, die?  What will we then eat?  What if we get sunburns ? What if we get skin cancer? What if the weather shifts and starts raining? Will you love me forever, Adam? Will you? All these concerns and preoccupations kept piling up. “Yes, darling, I will adore you, until the end of time” said Adam somewhat hesitantly.  Eve did not believe a word of what he said, a fight started and they stopped making love, right there and then.

See, the Buddhists knew it all along. Thoughts are ruining the show. Over analyzing  kills spontaneity. Disorderly thoughts give space to regret, guilt, suspicion, doubt, preoccupations and fears. A sickening need to control everything. In a world where thoughts run wild, there can only be tragedy, drama and neurosis ahead of us.

I visited the Ryoan-ji in Kyoto years ago.  I didn’t understand -and I still don’t- what these so-called Zen artists had in their minds when they created the lifeless, extremely sober stone garden placed in the middle of the Ryoan-ji temple. See, I don’t comprehend Zen and frankly, I do not care about Zen much. But one inspiration came out of this visit to the Kyoto landmark: emptying the mind and occupying oneself with only what one sees, touches and  hears, that, in itself, makes a lot of sense. Moreover, that’s how I would define freedom and a simple life.

Adam and Eve quickly lost that freedom and by doing so, they opened the door to insanity.  Poor fellows…  enslaved by their own mind!  They even came up with this bizarre idea that snakes can talk. For God’s sake!  *

*******************

En el comienzo de los tiempos, la paz y la armonía reinaban en el Jardín del Edén. Adán y Eva, los únicos dos seres humanos en aquel paraíso bíblico, corrían alegremente, desnudos, y comían frutas hasta el hartazgo.  Todos esos manzanos! El sol brillaba, los pájaros cantaban y luego de devorar la comida de Dios, la pareja comenzó con su actividad favorita: copular y copular, felices y despreocupados. Hasta que algo verdaderamente aterrador aconteció.

Aquello se manifestó como una voz en sus cabezas. No, no era la voz del Señor. No, tampoco era la voz de Lucifer. Era un pensamiento, nada menos que una creación de sus propias mentes. Y un pensamiento fue seguido de otro, y aún de otros más y todavía de muchos otros más. Y Adán y Eva no tenían ningún control sobre estos pensamientos y las voces continuaron poblando sus cabezas, y esas voces se hicieron cada vez más y más fuertes. Y a la parejita del Génesis le entró un gran temor. No era para menos! Imagínese usted!

Y qué tal si Eva queda preñada? Y si nos cae una sequía que arrasa con los árboles de este jardín de Edén? Qué vamos a tener para comer? Y si el sol pica muy duro? Vamos a pescar un cancer de piel? Y si al clima le da por cambiar y comienza a llover? Y tú, Adan, me amarás por siempre? Todas estas preguntas sin respuestas y estas preocupaciones empezaron a amontonarse. Hasta que Adan irrumpió , medio dubitativo él: “claro que si, querida, te amaré hasta el final de los tiempos”. Eva no creyó ni una palabra de lo que dijo Adan, ahí mismo comenzaron a pelear y dejaron de hacer el amor en ese mismo instante.

Bueno, los budistas siempre lo han dicho. Los pensamientos arruinan la fiesta. El sobreanálisis destruye la espontaneidad. Los pensamientos -en particular los caóticos- dan espacio al arrepentimiento, a la culpa, a la sospecha, a la duda, a las preocupaciones y a los temores. Y permiten que surja ese deseo enfermo de querer controlar todo. En un mundo donde los pensamientos andan de su cuenta, solo puede haber tragedia, drama y neurosis.

Mientras visito este sobrio jardín de piedra del Ryoan-ji en Kyoto, descubro mi tremenda ignorancia en las ciencias del Zen. No entiendo qué tenían en la cabeza estos artistas japoneses cuando decidieron crear el jardín en cuestión. Francamente, mi ignorancia me importa un bledo. Una sola cosa, sin embargo, saco en limpio de mi visita: vaciar la mente y ocuparse sólo de aquello que uno puede ver, tocar, oir y sentir en el momento, eso, hace muchísimo sentido. Más aún, así es como yo definiría la libertad y la vida simple.

Una libertad y una vida que Adán y Eva perdieron rápidamente, y por andar en eso, también le abrieron la puerta a la locura. Pobres amigos…. esclavizados por su propia mente!  Hasta se les ocurrió esta bizarra idea de que las serpientes pueden hablar…. Por el amor de Dios! *

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