Temptation of unending knowledge/ Tentación de conocimiento infinito

Public Library, Denver, Colorado

Bookshelves in the Denver Central Public Library, Downtown Denver, Colorado (2017)

(Versión en castellano, más abajo) . There is beauty in knowledge, especially the kind one gets in college: it’s well structured, coherent and solid. Knowledge can indeed empower us. It’s not surprising then that some people find the acquisition of knowledge a worthwhile aim in itself. Intellectuals, writers, philosophers and scientists are more likely to be mystified by this kind of pursuits.

The knowledge seeker epitome in our western culture is Doctor Faustus, a legendary German character who goes to great lengths to sell his soul to the Devil in return for worldly knowledge and pleasure. Doctor Faustus himself was a scholar and his is a cautionary tale for academics and scientists around the world. Because, come to think about it, nothing good can come out from an unholy pact with none other than Mephistopheles. This bad guy, the Devil himself, will do whatever necessary to snatch your soul from God’s hands. Or so it goes the Church’s version.

The temptation of knowledge is yet another facet of the problem of desire. We have seen this problem elsewhere. This lust for erudition or for expertise can be viewed the same way we view our erotic appetites, meaning, there is nothing intrinsically wrong with them and yet….

Of course there’s nothing wrong about reading books, getting college degrees, listening to the “Great Courses” in the CD player of our cars or even aspiring to become Nobel prizes winners. The problem lies in thinking that any of that makes us necessarily superior members of our society or that we are automatically entitled to benefits that other hard working guys do not have. The problem lies in attempting to acquire knowledge for the sake of acquiring it. The problem lies in thinking that knowledge and only knowledge will make us whole.

Granted, not everyone has been infected with the knowledge bug. You could make the argument that this world would actually be a better (and more interesting) place if more people were interested in Academics. You could actually make the argument that our political leaders should have a modicum of academic formation to be eligible for office. You could actually make the argument that most young people shy away from organic and systematic studies only to blindly believe whatever the Internet throws at them. All of those are really great arguments. Indeed, these arguments support the idea that the wanting to know more on a personal level needs to be balanced with the needs of society *

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Hay belleza infinita en el conocimiento estructurado, coherente y sólido que se obtiene en una Universidad. El conocimiento otorga poder. No debería sorprender, por tanto, que algunos consideren la adquisición de conocimiento una meta válida en sí misma. Probablemente sean los intelectuales, los escritores, filósofos y científicos quienes están más expuestos a la naturaleza hipnótica del conocimiento.

El Doctor Fausto, figura legendaria alemana, es la personificación del buscador de conocimiento en nuestra cultura occidental. El Fausto llega al extremo de vender su alma al Diablo a cambio de conocimiento y placer ilimitado. Fausto mismo, dice la leyenda, era un académico y su historia es una advertencia a otros académicos y científicos presentes y futuros. Porque, si se piensa bien, nada bueno puede surgir de un pacto con el propio Mefistófeles! Este Diablo -personaje harto malo, como todos sabemos- hará lo indecible para arrebatarle a Dios el alma de cualquier mortal. O al menos así es como lo ve la Iglesia cristiana .

La tentación por el saber que sufre el Doctor Fausto no es más que la re-edición del problema del deseo. Lo hemos revisado anteriormente. No nos referimos aquí, por supuesto, al deseo sexual sino al afán de adquirir conocimiento. Este deseo de bañarnos en erudición puede interpretarse igual que nuestros apetitos eroticos. No hay nada intrínsecamente equivocado en ellos, y sin embargo….

Por supuesto, no hay nada equivocado en leer libros, obtener grados académicos , escuchar “The Great Courses” en el reproductor de CD de nuestros automóviles o aspirar a ganar un premio Nobel. El problema radica en pensar que la erudición nos hace automáticamente miembros superiores de la sociedad o nos dará derecho a beneficios que otros trabajadores no tienen. El problema radica en adquirir conocimiento por el simple hecho de adquirir conocimiento. El problema radica en pensar que somos seres humanos más integrales por el hecho de que sabemos más.

Ciertamente, no todos llevan esta fiebre del conocimiento. Pudiera argumentarse que este sería un mejor mundo (y más interesante también) si la gente se entusiasmara más por la academia. Pudiera argumentarse que a nuestros líderes políticos deberíamos exigirles un mínimo de formación académica antes de que estos pudieran a optar por una candidatura. Pudiera argumentarse que nuestros jóvenes hoy en día abandonan el saber formal sólo para aceptar como verdadera cualquier información que se consiguen en la Internet. Muy buenos argumentos, sin duda alguna. De hecho soportan la idea que nuestro afán por ampliar nuestro conocimiento personal debe compensarse con las necesidades fundamentales de la sociedad *

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