Watching the grass grow / Viendo la grama crecer

Sik Sik Yuen Wong Temple, Kowloon, Hong Kong, China (2018)

A strong sense of humbleness may overtake the westerner when he visits China. And it is not only the language barrier.

First off, the sheer power of numbers. Crowds are ubiquitous in China, even in modest-sized towns. Wherever you go, whatever you do, you are bound to encounter oceans of people. Walking down the ample sidewalks, hidden in dark alleys, eating in boisterous shacks, cramming restaurants until 2am: an army of young people take possession of the streets. The energy of it all makes the visitor feel overwhelmed.

Population is booming again in China and this is mirrored by the growth in infrastructure. Cranes never stop moving, not even at night or during weekends. New and taller buildings are erected quickly, replacing the old ones. It’s like watching the grass grow, as it happens

Finally, the person born in China  does not  just exist in a vacuum: a complex  mesh of relationships is established between members of society. Family, friends, coworkers…. the connections are extremely strong, healthy, vibrant and encouraged from within.   Such an intricate and effective network makes it almost impossible for a Chinese individual to fail in life.  In the West, we go to large extents to sustain our boundless, individualistic ways of life. In China, they have long understood that society and community comes in first and then the individual comes in second, if ever at all.

Humans continue to research ways to grow and sustain human population at the expense of other manifestations of life on earth. In the meantime, the East has removed every hindrance to exploit these technological findings. In my mind, these conditions are nothing but a recipe for disaster *

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Un sentimiento de humildad puede embargar al visitante casual de la China y no se trata solamente de la barrera lingüística.

Se trata, primeramente, del poder que encierran los números. Las muchedumbres se encuentran por doquier en la China: incluso en las ciudades de tamaño moderado. Adonde quiera que se vaya, lo más probable es que se batalle un océano de gentes. Ya sea caminando las amplias aceras de las modernas ciudades, ya sea agazapados en callejuelas oscuras, comiendo en taguaras ruidosas, o atiborrando restaurantes y clubes hasta altas horas de la noche: un ejército de jóvenes chinos se apodera de las calles. La energía que se recibe es avasalladora.

La población de la China está en plena expansión y esto se refleja en el crecimiento de la infraestructura del país. Las grúas no se detienen en la China, ni siquiera los fines de semana o en la noche. Nuevas edificaciones, más modernas y más altas, reemplazan las viejas. Es como ver la hierba crecer, tal y cuando ocurre.

Finalmente, el Chino no nace en un vacío: un sistema complejo de relaciones se establece rápidamente con el resto de la sociedad. Familias, amigos, colegas de trabajo…. las conexiones humanas son muy fuertes, saludables, vibrantes y estimuladas por el mismo sistema. Esa red tan intrincada y efectiva de relaciones hace casi imposible que el individuo chino fracase en la vida. En China, hace tiempo que se entendió que la sociedad viene primero que el individuo.

Los seres humanos continuamos enfrascados en conseguir maneras de fomentar el crecimiento dela población humana a costa de le otras manifestaciones de la vida sobre el planeta. Mientras tanto, el Este ha removido todo obstáculo para explotar estos descubrimientos tecnológicos. Pienso que estamos ante una receta para una catástrofe auto creada *

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