Cinema

Yes, most movies seek to entertain. Then there is Cinema, thankfully.

A replica of the robot from the film “Metropolis” by  Fritz Lang. LACMA museum, Los Angeles, California (2015)

Do you go to the movies to be entertained or to get your thinking neurons going? Growing  up in a western country and being a child of the 20th century, movies were an essential part of my modernity. It was a time when the immediacy of Netflix or the Internet did not exist.  It was a time when television screens were highly pixelated and in black-and-white. Actually getting your butt off the couch, going to the movie theater and watching images projected on a silver screen, in full definition, in total darkness and surrounded by complete strangers, was indeed quite an occasion. Sort of a revelation, I realized -after many movie outings and thanks to the eye opening influence of certain friends- that films can go and often do go beyond entertainment: they can be philosophical, they can awake feelings, they can teach us something or they can just be beautiful, the same way a flower or a mountain  can be beautiful.  Food for the soul, in other words. Only after this realization, can one truly love Cinema *

Version 2

 Piedmont movie theater, Piedmont, near Oakland (2015)

Vas al cine por mero entretenimiento o vas para reflexionar? Habiendo crecido en un país occidental y como buen hijo del siglo 20, las películas fueron parte esencial de mi moderninad. Era una época en la que no existía la inmediatez de Netflix o de la Internet. Era una época en la que la televisión venía a blanco y negro y una pantalla terriblemente pixelada. Así que mover el trasero y salir del mueble, llegarse hasta el teatro y ver la proyección de unas imágenes de alta definición sobre una pantallada plateada, en oscuridad total y rodeado de completo extraños , era per se todo un acontecimiento. Como en una revelación me di cuenta, después de muchas salidas al cine y bajo la influencia enriquecedora de ciertos amigos, que  las películas pueden ir más allá del entretenimiento: pueden ser filosóficas, pueden crear un estado de ánimo, pueden enseñarnos algo o quizás simplemente sean bellas de la misma manera que una flor o una montaña son bellas. En otras palabras: alimento para el espíritu. Solo después de reconocer esto es que podemos apreciar el cine de arte*

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Japanese movie poster from the 40’s. This clandestine picture was snapped at the National Film Center, Tokyo (2013)

The way to a man’s heart / El camino al corazón

Love and food may just be the same thing.

Magda & Pablo, Maiquetía, Vargas, Venezuela (circa 1962), anonymous photographer 

“The way to a man’s heart is through his stomach ” goes the line. And, let’s face it, the stomach is also the way  to a woman’s heart: that much I learned through the years. Both men and women love to be pampered and if someone else is doing the cooking for you, the person in question will likely gain  your affections. Romantic love and parental love nurture the other person, which is exactly what food does at the most elemental level. Strong liasons are born from a good meal together. Lifelong relationships and families are forged at the dinner table. There’s power in an “spaghetti alla bolognese”. There’s Eros in an artichoke, sweetheart! *

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El camino más expedito al corazón de un hombre pasa por el estómago. Y, sincerémonos, el estómago es también el camino más rapido al corazón de la mujer: eso lo terminé de aprender luego de todos estos años. Nos encanta ser mimados y si es otro el que cocina, seguro que ese otro conquistará nuestros afectos. El amor romántico y el amor de padres alimentan metaforicamente a la persona amada y la comida es la expresión tangible de esa alimentación. Los lazos más fuertes entre seres humanos nacen de una buena comida juntos. Relaciones sempiternas y familias enteras se forjan alrededor de la mesa a la hora de la cena. Hay poder escondido en unos espaguetis a la boloñesa.  Hay eroticismo en unas alcachofas, así es, mi corazón de melocotón! *

Savings Account Book / Libreta de Ahorro

A small action can go a long way. My grandpa taught me about savings and the power of delayed gratification.

 

Abuelo Constantino, Maiquetía near Plaza El Cristo, Venezuela (circa 1963). Photo credit: unknown photographer!

El abuelo Constantino, comerciante exitoso y de sólidos principios,  regalaba dinero en efectivo a sus nietos con ocasión de las Navidades, cumpleaños, etc. Pero a diferencia de otros abuelos, Constantino no regalaba el dinero en un sobre con tarjetita y asunto olvidado. No señor! Constantino recorría la milla adicional, literalmente. Recuerdo una vez, cuando yo tenía más o menos doce años, que el abuelo me llevó de la mano a un banco. Caminando por las aceras del Paraíso, Constantino conversaba animadamente sobre las virtudes del ahorro. Y así, me ví yo ante una taquilla bancaria imponente. En aquel tiempo, los bancos aún olían a madera y a tinta fresca y una transacción bancaria llevaba un peso específico considerable. El abuelo se dirigió entonces a un empleado encorbatado y pidió abrir una cuenta de ahorro a mi nombre, usando el dinero de mi regalo de Navidad como depósito. Yo observaba todo aquello boquiabierto. “Ya verás cómo crece con los intereses” me dijo con un guiño, mientras me entregaba la libreta.  Años después entendí que aquel regalo de Navidad no era el dinero per se, sino algo más importante: la libreta de ahorro. El abuelo me enseñaba así el poder de  la gratificación postergada *

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Grandfather Constantino, a successful businessman of solid values, used to give his grandchildren money for Christmas or Birthdays. But this grandpa would not just put the money inside an envelope and a card, no sir. He would go the extra mile -literally- to make the gift special. I remember once, when I was about 12 years old, that he took me by the hand and we walked together to a bank. As we were walking through “El Paraiso” neighborhood, Constantino would explain the virtues of saving money. In no time, I saw myself before this imposing bank counter. I could smell wood and fresh ink. Back in those days, a bank transaction carried gravitas in itself. My grandpa addressed then a bank teller -who wore suit and tie- and he asked the man to open a savings account under my name. Shortly after, my Christmas monetary gift was used as a bank deposit in this newly opened account. I observed all that, speechless. “You’ll see how interests will make the account grow overtime”, he said as he winked at me and gave me the savings account book. Years later, I came to understand that abuelo’s Christmas gift was not the money per se, but the savings account booklet. Grandpa thus taught me the power of delayed gratification *