A momentous decision / Una decisión crucial

Twenty years ago, we said: “no more” and so we left the homeland. Venezuela has not changed much since then, I am afraid. And now the country faces yet another set of problems.

Just landed in Canada, with our welcoming friends, from left to right, everyone sitting on the floor: Lis, Pablo, Jack’s mom, Henry, Jack, Mary & Mike, at Sherobee Towers at Sherobee Rd., Mississauga, Canada (1997).

(version en castellano, abajo)  Twenty years ago, my wife and I decided that Venezuela was not the right place to raise our children and so we left. Chavez and his gang of thugs were still a far cry from grabbing power and, of course, we had no way to forecast the rise of dictator Maduro and the human tragedy currently engulfing  that South American country. Back in 1997, I had a very good job in Petróleos de Venezuela (PDVSA) and a fairly enviable life, for the most part. So why did we even entertain the idea of leaving ? Our drivers at that time could never possibly make the international headline news… We were fed up with the rampant corruption affecting all spheres of Venezuelan society. We were fed up with “caudillos” and politicians who had no vision of a future other than feeding their own ego and filling their own pockets.  We could just not justify this huge gap between the have’s and the have-not’s (a gap that had the potential to detonate). We had it with the inefficient public services. We could not share this widespread belief among large sectors of Venezuelans that short term gains are more important than long term rewards. We could not tolerate any longer this inversion of values in a country where education, preparation and hard work meant next to nothing.  All of that affected us on a personal level in many different ways, but the main driver to leave Venezuela was the violent street crime spreading thru our cities and the palpable menace it represented to our own physical integrity. The senseless killing of my dear oncle in 1995, victim of the violence of some brutish burglars was the tipping point, at least for me.  And so we launched the most momentous enterprise of our little lives: we emigrated to Canada. A new land with new friends and quite different values was awaiting us.  We had to start from scratch, though, all over again. As recently landed immigrants, life seemed uncertain and bleak for us, that summer of 1997: the word comfort was suddenly removed from our vocabulary.  A wild ride with ups and downs was in store for us.  Mostly ups, thankfully*

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Pablo and his friend Elton, Toronto Island, Toronto, Canada (1997)

Hace veinte años, mi esposa y yo decidimos que Venezuela no era el país para criar a los carajitos, así que nos fuimos. Chávez y su pandilla de maleantes aún no se había instalado en el poder y, por supuesto, no había manera de predecir el ascenso del dictador Maduro ni la tragedia humana que actualmente acontece en el otrora país. En 1997, yo disfrutaba de una posición laboral muy cómoda en PDVSA y mi vida era tranquila y hasta envidiable. Por qué entonces siquiera consideramos la posibilidad de emigrar? La respuesta es: estábamos cansados. Cansados de la corrupción rampante a todos niveles de la sociedad venezolana. Cansados de los caudillos y los políticos baratos que no tienen visión de futuro y lo único que buscan es engordar al ego y al bolsillo. Cansados y horrorizados de la grieta entre los que tienen y los que no, separación que alimenta el odio y el resentimiento social. Cansados de los pésimos servicios públicos . Cansados de la cultura local que supedita las metas de largo plazo a las ganancias inmediatas. Cansados la inaudita inversión de valores en un país donde la educación, la preparación y el trabajo duro significan muy poco. Todo esto nos tocó a nivel personal pero el empujón mayor vino de la criminalidad y la violencia que se propagaban impunes en las ciudades venezolanas. Criminalidad y violencia que nos tocó de cerca. El asesinato sin sentido de un querido tío en el año 95 a mano de unos ladronzuelos infelices fue la gota que derramó el vaso.  Así fue como tomamos la decisión más crítica de nuestras pequeñas vidas, la decisión de emigrar a Canadá. Tuvimos que empezar todo de vuelta, desde el principio. Como inmigrantes recién llegados, la vida se nos presentaba incierta y cuesta arriba en aquel verano del 97. La palabra “comodidad” desapareció de nuestro vocabulario. Un viajecito con altos y bajos nos esperaba. Afortunadamente, más altos que bajos *

Does love ever die? / Muere el amor alguna vez?

Energy can be transformed from one form to another, but it cannot be created or destroyed. Can we say the same of love?

At the rose garden,  South Coast Botanic Garden, Los Angeles (2015)

Back when I was a student at bucolic Simón Bolívar University in Caracas, my first “Thermodynamics” course was truly an eye-opener. Professor Lugaresi  -hated by many, loved by a few- explained to us, students, through real life examples the actual meaning of the first law of Thermodynamics. It turned out that the first Law is a version of the Law of Conservation of Energy, which goes something like this:  energy can be transformed from one form to another, but it cannot be created or destroyed. “And what about romantic love?” – I asked Professor Lugaresi, out of the blue- “does love ever die?”. “Well, hell no, Señor Badra!  Love, romantic or otherwise, never dies. How could it?” , he replied. “See, Señor Badra, love is nothing but energy. It is a poorly understood form of energy but it is still energy. As such, love can and it will change into some other type of love, but it can never be destroyed. Maybe your romantic love for one person will turn into romantic love for another one. Or maybe what you think of as a dying love will just transform into love for humanity, as a whole “. Think about that, next time you get married or even as you get a divorce! *

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El primer curso de “Termodinámica” que yo haya tomado alguna vez me abrió la mente. En aquel entonces yo era un estudiante en la nunca bien ponderada Universidad Simón Bolívar de Caracas. El profesor Lugaresi -odiado por muchos, querido por unos pocos- explicaba através de ejemplos de la vida diaria el verdadero significado de la primera ley de la Termodinámica. La ley en cuestión no es más que una reformulación de la Ley de Conservación de Energía que dice que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.  “Y cómo queda el amor romántico en todo esto”, le pregunté al profesor  Lugaresi, a quemaropa “muere el amor alguna vez?” . “Por supuesto que no, Señor Badra, cómo se le ocurre?” respondió Lugaresi. Y continuó : “Vea Usted, Señor Badra, el amor no es otra cosa sino energía. Es una forma de energía que muy pocos entienden pero aún así es energía. Y como tal, un tipo de amor de amor va a transformarse en otro tipo de amor. A lo mejor ese amor que usted cree moribundo se transforma en amor por otra persona. O quizá comienza usted por amar la humanidad…”. Piénsese en eso la próxima vez que usted se case…. o incluso si usted se divorcia! *

Your team, our team / Su equipo, nuestro equipo

Your victories are our victories!. But make no mistakes: we don’t take your victories -or your defeats- too seriously.

“Il Galeone” Restaurant & Bar (Soccer’s  World Cup Final day) Av. El Libertador, Caracas, Venezuela (1994)

Dear Brazilian friends:  we are not a soccer powerhouse and we never (ever!) pretended to be one. Our national soccer team struggles to reach a consistent performance level. Do understand: we are a relatively small country, our population is approximately seven times smaller than your population. To top it off, our national sport is baseball, not soccer (blame it on the gringos!).  All of which does not preclude us to watch and enjoy soccer. Since ours is not a winning soccer national team (yet), years ago we collectively and spontaneously decided to cheer for another soccer team (that is: your team).  It all goes back to the 1970 World Cup held in Mexico. At that time, your team -and, especially, your exceptional player Pelé- captured the attention and the imagination of countless fans. Since then, your soccer victories became our victories and we celebrated those in the spirit of good old South American brotherhood. Wining is  just a good excuse to drink a few beers and have a good time, nothing else, really. When the Brazil soccer team loses a critical match (as it catastrophically  did back in 2014 against Germany) , well, we just turn a blind eye and don’t take your defeat too seriously. Your team, my team *

 

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“Il Galeone” Restaurant & Bar (Soccer’s  World Cup Final day) Av. El Libertador, Caracas (1994)

Estimados amigos brasileros: no somos una potencia futbolística y nunca (jamás!) prentendimos ser una. Nuestro equipo nacional de fútbol tiene dificultades para mantener un nivel futbolístico de altura. Somos un país pequeño en relación al suyo, nuestra población es siete veces más chica. Para rematar, nuestro deporte nacional no es el fútbol sino el beisbol (culpa de los gringos!). Nada de eso nos impide disfrutar del fútbol y mirarlo por televisión. Dado que nuestro equipo no es (todavía) un equipo ganador, decidimos colectiva y espontáneamente aupar a otro equipo nacional de éxito relativo, esto es, el equipo suyo. Todo comenzó con el mundial de fútbol de 1970 en México. En ese entonces, el equipo brasilero -y especialmente su jugador estrella “Pelé”- capturó la atención y la imaginación de numerosos fanáticos. De ahí en adelante, las victorias futbolísticas de Brasil son nuestras victorias y las celebramos en el espíritu de hermandad latinoamericana. En realidad, el fútbol no es más que una excusa para tomarse unas cervecitas y pasarla bien. Cuando Brasil pierde un juego crítico (como lo hizo catastróficamente en el 2014 contra Alemania), nos hacemos los locos y nos tomamos la  derrota a la ligera. Su equipo, nuestro equipo *

One more sunset / Una puesta de sol más

Sundown at “El Camellón”,  Santa Marta, Colombia (1993)

(English version follows below) Mientras transito por la iconica “Sunset Boulevard” de Los Ángeles, se me ocurre que las puestas de sol son los “fuegos artificiales” de la naturaleza. A los seres humanos nos atrae la belleza transitoria de un sol poniente de maneras que escapan al raciocinio y al entendimiento. Y, en realidad, qué es lo que hay que entender? Probablemente nada.  Simplemente nos embarga este impulso irracional de sacar la cámara fotográfica y de capturar una imagen que ya ha sido capturada millones de veces antes. Contemplamos el sol dorado con devoción y, una vez que este sol desaparece, continuamos con nuestras vidas como si nada hubiese ocurrido. Pero, en efecto, algo ha cambiado y no pensamos mucho al respecto: ahora tenemos una puesta de sol menos que contemplar *

 

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Crepuscular clouds,  Caracas, Venezuela (1993)

 

Sunset in Torrance Beach, Los Angeles, California (2016)

The setting sun as seen from Torrance Beach, Torrance, California (2016)

As I travel  Los Angeles’ iconic “Sunset Boulevard” westward, it occurs to me that sunsets are nature’s fireworks display. Humans are drawn to the transient beauty of a setting sun in ways that escape understanding. But what is there to be understood? Probably nothing. We just feel this irrational impulse to take the camera out and capture an image that has already been captured millions and millions of times before.  We contemplate the golden sun in silence and then, once it is gone, we go on with our lives as if nothing happened. But something did happened: we have one less sunset to watch! *

 

Once upon a time: hair / Había una vez pelo

“I love bald men. Just because you’ve lost your fuzz, don’t mean you ain’t a peach!” [Dolly Parton]

Andrés, Qta. Magda, Urb. Montalbán, Caracas (1991)

Mis hermanos y yo hemos pasado por la prueba de la calvicie: ay, que no queda pelo en esas cabezas!. En realidad, hombre jóven que se queda calvo está entrenándose para la vida. Pues la progresión de la vida no es más que una progresión de pérdidas, comenzando con la pérdida de pelo. Mientras más vivimos, más perdemos (pelos y otras cosas) y al final perdemos lo más valioso que es la vida misma. Recuerdo que mi padre recitaba aquella frase consolatoria cada vez que venía el tema de la calvicie: “Y quién ha visto, Constantino, a un burro calvo?”. Obviamente, a mi padre mismo le faltaba pelo. Las fotos que aquí se muestran son testimonio del pasado pelúo de los hermanos Badra-Badra. Mashallah, cuánto pelo! *

REB&CB

Renny (right) & I, Qta. Magda, Urb. Montalbán, Caracas (circa 1985). Author unknown, possibly my sister Peggy

My brothers and I have undergone the test of baldness: alas, not much hair remains in those heads! In reality, a balding man is actually training for life because life’s progression is nothing else but a progression of losses, starting with the loss of hair. The more we live, the more things we loose and at the end we loose life itself which is the most valuable of things. Whenever the subject of baldness was being discussed, Dad would recite that old Venezuelan (?) saying: “For crying out loud, WHO has ever seen a bald donkey?”. Of course this was intended as a consolatory phrase because my dad himself was bald. Photos shown here are proof of that glorious hairy past of the Badra-Badra brothers. Mashallah, that is a lot of hair! *

 

The unapologetically colorful tropics / Trópicos coloridos, sin reservas

For the unaware North American or European traveler who first arrives in the tropics, a pleasant surprise awaits. Against the reference background of northerner landscapes, the colors of the tropics do stand out boldly.

Street vendor, Parque Los Caobos, Caracas, Venezuela (October, 1991)

(English version follows below). El viajero norteamericano o europeo que, súbito, aterriza en los trópicos, se expone a la maravilla de los colores tropicales.  Esa franja de tierra entre Cáncer y Capricornio tiene la cualidad de despertar el sentido de la visión. En su mente aún lleva el norteño los paisajes apagados y la vegetación rala del lugar de residencia. Apenas arriba al trópico, aquello se le viene encima: el verdor apabullante de una montaña, los árboles frondosos regados por doquier, la luz vertical de un sol que todo lo inunda, la vestimenta ligera y variopinta, los vegetales y frutas de matices atrevidos.  En comparación con quien atraviesa meridianos, el viajero que cruza latitudes está expuesto a los contrastes mayores. Por razones similares, hasta lo maravilloso se convierte en aburrido cuando no hay referencia para diferenciar*

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The North American or European traveler who suddenly arrives in the tropics is in for the marvel of experiencing tropical colors. That band in between the tropic of Cancer and the tropic of Capricorn can really wake up the visual sense. Fresh in her mind, the Northerner still has the subdue landscapes and the rarefied vegetation of her place of residence. As soon as she lands in the tropics, she will be hit by the overwhelming greenery of a hill, the ubiquitous and luxuriant trees, the vertical sunshine that floods every corner, the light and multicolored outfits, the vegetables and fruits with the boldest hues. Compared to those who moves East or West, the traveler who crosses latitudes is likely to be exposed to the sharpest contrasts. Along the same lines, even the greatest wonders become routine when there is no background of reference*

Of one city, all cities / De una ciudad, todas las ciudades

Commonalities among cities are easy to spot. Actually, cities differ only in their local color. In a sense, once you have been to one city, you have been to all. And, yet, you should not give up your thirst to explore new cities.

Akihabara street corner, Tokyo, Japan (2013)

(English version follows) Tokyo es el lugar apropiado para pederse en una multitud y comer en tugurios pocos conocidos. En Paris, hordas de turistas y gente local se apoderan de las calles y atiborran bistros oscuros y cafés. En Caracas, los usuarios del Metro se empujan y pelean para conquistar un lugar dentro de un vagón atestado y más tarde esos pasajeros se detienen a comer de las ofertas de un carrito de perros calientes y hamburguesas. Cada ciudad tiene sus parques y museos, cada ciudad tiene una calle principal, en cada ciudad brillan los anuncios de neón. La gente camina su soledad, ausente, evitando el contacto visual. Los conductores de auto no perdonan, los peatones son impacientes: nadie parece contento donde está en cualquier momento dado. Una vez que has visitado una ciudad, has visitado todas. Dentro de una ciudad -dentro de cualquier ciudad- se esconden las semillas de todas las demás ciudades *

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Tokyo is a wonderful place to lose yourself in a crowd and eat in small, less known places. In Paris, hordes of tourists and locals take on the streets and overflow obscure bistros and cafes.  In Caracas, people push each other to gain a spot in an overfilled subway wagon only to later stop by in an improvised food stand to gulp down a hot dog or a hamburger. Every city has its parks and museums, every city has a main street, every city has neon signs somewhere. Transfixed and absentminded, people walk their solitude and avoid eye-contact. All drivers are unforgiven, all pedestrians are impatient: no one seems to be content where one is at the moment. Once you have been to one, you have been to all. Within a city -any city- lies the seeds of all other cities *