Hiroshima, Hiroshima, Hiroshima

In a time of nuclear threats, remembering Hiroshima becomes more relevant than ever before.

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The dome of the “Hiroshima Prefectural Industrial Promotion Hall”, Hiroshima, Japan (2013)

(Versión en español abajo) Memories have a natural tendency to evaporate into nothingness. If those memories are painful and unbearable, humans are even quicker to dive into forgetfulness. Who, in his right mind, would love to dwell in past suffering and despair? Who, in his right mind, would really want to relive, for example, the horrors of  a nuclear day?   Humans are wired to forget and move on. And yet, even if history serves no other purpose, there are things that can not be and should not be forgotten. Hiroshima, point in case. For an entire new generation or two now, the tragedy of 1945 Hiroshima may not even register or be remembered. Countless fallen citizens, long rivers of blood and tear, unimaginable suffering and a lasting trauma inflicted on innocent people… that all seems so far away in time that people may be tempted to disregard piece of history.  In a time when the words “nuclear bomb” come so easily and so casually out of the mouth of the president of the most powerful nation on earth… in a time when North Korea plays to be the bad kid in town… we need to be more alert than ever. Survival of human race and the environment is at stake. Don’t dwell in the pain, that’s fine and understandable. But do remember it, mon amour. Remember Hiroshima.  Hiroshima. Hiroshima *

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School children visit the Hiroshima Peace Memorial Park at Hiroshima, Japan (2013)

 Los recuerdos tienden a evaporarse y convertirse en nada. Si esos recuerdos son dolorosos e insoportables, más rápido estamos los seres humanos dispuestos a sumergirnos en el olvido. Quién va a querer zambullirse en un pasado doloroso y lleno de desespero? Quién va a querer revivir los horrores de un día nuclear? La mente humana está diseñada para olvidar y continuar adelante. Sin embargo, la Historia tiene el propósito de recordarnos el pasado y nosotros tenemos la obligación de no olvidar, porque dicho pasado pudiera ser relevante. Por ejemplo: Hiroshima. Ya las generaciones más recientes en el Occidente tienen dificultad identificando los hechos trágicos de Hiroshima en el año de 1945. Incalculables pérdidas humanas, ríos de sangre y lágrimas, sufrimiento inimaginable y un trauma infligido en los sobrevivientes… todo aquello parece tan lejos en el tiempo y la distancia que es fácil ignorar este episodio de la historia. En estos tiempos en los que las palabras “bomba nuclear” salen tan casualmente de la boca del presidente de la nación más poderosa de la tierra, en estos tiempos en que Nor Corea juega a ser el muchacho maluco y desobediente, en estos tiempos debemos estar más atentos que nunca. Se trata de la sobrevivencia misma de la raza humana y el medio ambiente del que somos parte. Evitar el dolor es natural, ciertamente. Pero recordemos Hiroshima, mon amour. Recordemos Hiroshima. Hiroshima. Hiroshima. 

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Reflections at the “Hiroshima Peace Memorial Museum”. Hiroshima, Japan (2013)

Treachery of words / Palabras engañosas

Images and words are nothing but representations of reality and not reality itself. Those signposts may not be pointing in the right direction, so be vigilant.

“The treachery of images”, painting by René Magritte, exhibited at Los Angeles County Museum (LACMA), Los Angeles (2015)

(Versión en español abajo) When asked why this image is NOT a pipe, Belgian painter René Magritte replied along the lines of: “well, try to stuff your tobacco in there, if you can”. Indeed, this painting is not a pipe Mr. Magritte, and neither the word “pipe” is a pipe. Both images and words are nothing but representations of reality and not reality itself. Images and words are signposts pointing to the essence of things. Don’t be led to believe that the representation of something is the thing itself. Moreover, as the signposts they are, words may even be pointing to the wrong reality. This is the case of lies, those misrepresentations arising from sheer ignorance or purposely intended to mislead. In a time when lies reach presidential levels, be very, very suspicious of words *

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Pens decorated as flowers or flowers in the shape of pens?, at a doctor’s office, Torrance, Los Angeles (2016)

Cuando se le preguntó al pintor belga René Margritte por qué la pintura de arriba no era una pipa, el hombre respondió “bueno, intente Ud. llenarla con tabaco, a ver si puede”. Efectivamente, la pintura en cuestión del Sr. Margritte no es una pipa y tampoco la palabra “pipa” es una pipa. Tanto imágenes como palabras no son sino representaciones de la realidad y no la realidad misma. Imágenes y palabras son rótulos que apuntan a la esencia de algo. No vaya Usted jamás a creer que la representación es lo representado.Más aún, como los rótulos que son, las palabras a veces apuntan a una realidad equivocada. Es el caso de las mentiras que  constituyen una representación incorrecta o errada de la realidad pues están basadas en pura y simple ignoracia o porque tienen la intención de engañar. En estos tiempos en los que las mentiras alcanzan niveles presidenciales, desconfíe Usted mucho de las palabras *

 

Getting cozy with darkness / Más cómodos con la oscuridad

Obliterating anything and everything in the realm of darkness is a dangerous proposition and can easily backfire!

View from the US Bank tower in downtown Los Angeles, looking West to the ocean & Santa Mónica Mountains, OUE Skyspace, Los Angeles (2016)

(versión en español abajo) Our moral minds have always pushed us, westerners, away from darkness. A certain sense of morality is inevitable and, indeed, beneficial for human survival and social order . But obliterating anything and everything in the realm of darkness is a dangerous proposition and can easily backfire. Demonizing, vilifying and rejecting: three verbs that hide our fear of darkness and our proverbial ignorance about death, all too frequent reactions of the “modern” man. Yet, moving in just the opposite direction and embracing (not necessarily approving) the very same things that we reject may actually bring much needed balance to our minds and souls. Pause and think about it: darkness might not be your cup of tea and neither is mine, but are we not giving it more power than it deserves? Oddly enough, by accepting darkness in incremental doses, we can silently create a more luminous world.  *

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Nuestra moralidad nos ha empujado (a nosotros, los occidentales) bien lejos de la oscuridad. Cierto sentido moral es inevitable en la vida humana y es, de hecho, beneficioso para la supervivencia y el orden social. Mas obliterar todo aquello que pertenezca aproximadamente en el reino de la oscuridad es una proposición peligrosa y con consecuencias. Demonizar, abominar y rechazar: tres verbos que no hacen más que esconder nuestro miedo a la oscuridad y nuestra ignorancia proverbial sobre la muerte, reacciones demasiado frecuentes del hombre “moderno”. Moviéndonos en exactamente la dirección opuesta y aceptándo (ojo, no necesariamente aprobando) las mismas cosas que hoy abominamos puede, de hecho, traer un equilibrio psicológico muy necesitado. Piensa sobre ello: a lo mejor rechazas la ouscuridad y yo tampoco la aupo, pero no le estamos dando una fuerza que en realidad no posee?  Extrañamente, al aceptar la oscuridad en dosis incrementales, nos situamos en mejor posición para crear un mundo más luminoso *

Achtung! Achtung!

At the end of the day, all walls become ruble or, at best, a touristic destination and a testament to human stupidity

Brandenburg Gate, West Berlin, Germany (October 1987) – thanks to Fanny Acosta for the photo!

I was born right around the days the Berlin wall was built. For our generation -no matter your nationality-  the Berlin wall was very real, an inescapable fact of life. We grew up in a world that had walls and that was our natural habitat. And then, suddenly, one day in that Fall of 1989, the whole world watched on TV how West and East Berliners would come together at the wall, they would shake hands, they would hug, and they would dance in pure joy. The Berlin wall was not as solid as we thought it was. “Open this gate, Mr. Gorbachev, tear down this wall!” ran the speech. Now, within the span my own lifetime, calls for building a new wall have arisen. This new wall is meant to be even taller, longer and certainly more difficult to conquer. This wall is to divide the North from the South, not the East from the West. It is hard to believe that humanity has such a short memory span. No wall has ever succeeded to divide. No wall has ever succeeded to isolate.  At the end of the day, all walls become ruble or, at best, a touristic destination and a testament to human stupidity*

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Berlin citizens atop the Berlin Wall, Brandenburg Gate, November 10, 1989.  Photo credit: The Atlantic.

Yo nací alrededor de los días en que el muro de Berlín fué construído. Para los de mi generación -no importa la nacionalidad-  el muro de Berlín era una realidad, un hecho inescapable de nuestras vidas. Sí, crecimos en un mundo que tenía paredes y ese era nuestro habitat natural. Y entonces, de repente, un buen día en el otoño del 89, el mundo entero vió por televisión cómo los berlineses orientales y los berlineses occidentales se encontraron en la pared, cómo se dieron las manos, cómo se abrazaron y cómo bailaron de puro de contento.  La muralla de Berlin no fué, después de todo, ni tan sólida ni tan duradera como pensamos. “Abra estas puertas, Sr. Gorbachev, tumbe esta pared!” decía el discurso del momento. Ahora, aún dentro de los años de mi propia vida, algunas voces claman la construcción de una nueva muralla. Se supone que este nuevo muro va a ser más alto, más largo y, ciertamente, más difícil de conquistar. El nuevo muro es para dividir el Norte del Sur, no el Este del Oeste. Cuesta creer que la humanidad tenga un intervalo de memoria tan corto. Ninguna muralla ha logrado con éxito la división del hombre. Ninguna muralla ha logrado aislar a pueblos.  Al final, toda pared se convierte en ruinas o, en el mejor de los casos, en un destino turístico que sirve de testamento a la estupidez humana*

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With friendly company in West Berlin, West Germany (October 1987). Thanks Fanny Acosta for the nice shot!